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Con esta anotación en nuestra bitácora, los Hijos de Diógenes inauguramos una nueva categoría (o sección) que hemos querido denominar “Piezas invitadas”. En ella se presentarán (a modo de micro-exposición temporal) objetos que, sin pertenecer a las colecciones del Museo de Valladolid, por una u otra razón, guardan relación con las piezas que la integran o con la historia de nuestra ciudad.

En esta ocasión se trata de dos sellos de plomo de Felipe IV (1621-1665), un paisano, pues fue el último de los reyes de España que naciera en Valladolid. Esto tuvo lugar además en 1605, año de la publicación de El Quijote.

Precisamente hoy, día 23 de abril, los Hijos de Diógenes, queremos sumarnos a la celebración del Día del Libro con este post que comienza con una cita de El Coloquio de los Perros, en la cual Berganza reproduce el discurso lanzado por la dueña de una posada a la que un alguacil y un escribano corruptos pretenden extorsionar, ante lo cual ella saca a relucir la ejecutoria de hidalguía de su marido.

“Señor alguacil y señor escribano, no conmigo letras, que entrevo toda costura; no conmigo dijes ni poleos: callen la boca y váyanse con Dios; si no, por mi santiguada que arroje el bodegón por la ventana y que saque a plaza toda la chirinola desta historia; que bien conozco a la señora Colindres y sé que ha muchos meses que es su cobertor el señor alguacil; y no hagan que me aclare más, sino vuélvase el dinero a este señor, y quedemos todos por buenos; porque yo soy mujer honrada y tengo un marido con su carta de ejecutoria, y con a perpenan rei de memoria, con sus colgaderos de plomo, Dios sea loado, y hago este oficio muy limpiamente y sin daño de barras. El arancel tengo clavado donde todo el mundo le vea; y no conmigo cuentos, que, por Dios, que sé despolvorearme…”.

Miguel de Cervantes Saavedra, El coloquio de los perros [Novelas ejemplares], ed. de Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas, Alcalá de Henares, 1994 (1613), pp. 924-925.

“E desto vos mandamos dar esta nuestra carta de preuillegio e confirmaçión, escripta en pargamino de cuero e sellada con nuestro sello de plomo pendiente en filos de seda a colores, e librada de los nuestros escriuanos mayores de los preuillegios e confirmaçiones, e de los nuestros contadores mayores e otros ofiçiales de la nuestra casa”.

Carta de privilegio sobre los veinte escusados de el tesorero Fernando de León (1477), en Ramón Carande y Juan de Mata Carriazo (eds.), El tumbo de los Reyes Católicos del Concejo de Sevilla, vol. 5, Sevilla: [Editorial Católica Española], 1968 , p. 289.

Estamos ante una pareja de sellos colgantes de plomo (90 mm. de diámetro x 8 mm. de grosor) que fueron arrancados de sus pergaminos originales. Ni rastro queda de sus cordones de enlace (en cuero, hilo o cintas blancas, encarnadas o amarillas) salvo sus orificios pasantes perforando el alma de las piezas, al estilo de nuestras piruletas infantiles. Son sellos náufragos, dejados de la mano de Dios, pues ignoramos en qué asuntos andaban medidos, como si alguien hubiera arrancado la fotografía de uno de nuestros DNI. ¿De qué le qué serviría a un historiador ajeno al mercado retrato tan indefenso y desamparado?

Sellos de Felipe IV Anversos

En los anversos de los sellos figura el rey Felipe IV en representación mayestática, con manto y corona, sentado sobre un oropelado trono, flanqueado por dos pilastras acanaladas que arrancan de plintos cajeados, sirviendo de enmarque a una especie de abigarrada hornacina. En la mano diestra porta una espada que apoya sobre el hombro; en la izquierda sostiene un globo rematado por una fina cruz. Alrededor se aprecia la leyenda: “PHILIPPVS · IIII · D · G · CASTELLAE · LEGIONIS · NAVARRAE”.

En los reversos aparecen el escudo, coronado y cuartelado, con las armas de Castilla y  de León, entados en punta de Granada, y la leyenda en doble anillo: “PHILIPPVS · IIII · D · G · CASTELLAE · LEGIONIS · NAVARRAE · GRANATAE / TOLETI · GALICIAE · HISPALIS · CORDUVAE · MURCIAE · ETC · REX”. Un par de piezas que encontrarían parientes cercanos entre las colecciones de la Fundación Lázaro Galdiano y en el Archivo Histórico Nacional.

Felipe IV (1621-1665), (nacido en Valladolid, cuarto de los Austrias hispanos, rey solar y, como todos los de su dinastía, asimilado en muchas ocasiones con Salomón y con la estirpe de Judá, legitimado dinásticamente por la Dei Gratia, martillo de herejes en las Provincias Unidas y magno constructor del monasterio de San Lorenzo de El Escorial (cf. Virgilio BERMEJO VEGA, “Acerca de los recursos de la iconografía regia; Felipe IV, de Rey Sol a nuevo Salomón”, Norba Arte, 12 (1992), pp. 163-186).

La sigilografía, disciplina aneja a la diplomática, estudia los sellos bajo todos sus aspectos y cualquiera que sea su época. Los sellos pueden ser placados, húmedos (los impregnados en tinta), en seco, pegados, manuales o mecánicos. Con la revolución industrial se pudieron elaborar en serie todo tipo de matrices en metal, latón, caucho o plástico que estampaban sellos con tinta o en seco (o sello transparente, dícese de aquel impreso a tórculo), desapareciendo el engorroso sistema de placado en cera caliente, oblea o laca, que daba muchos problemas de nemas y filamentos, calando a veces el documento como si se tratara de una caja martilleada con letras de molde.

En el Registro General del Sello, oficina dependiente de la Cámara de Castilla (desaparecida en 1834), se inscribían todas las cartas expedidas con la garantía del gran sello Real de Castilla o de Corte: mercedes y privilegios de nueva concesión, confirmaciones, pragmáticas, legitimaciones, cartas de seguro y salvaguardia, cartas de guía, de perdón y de amparo, de nombramientos de consejeros, capellanes, notarios y escribanos, cartas ejecutorias y de receptorías. O sea, “las Gracias y Mercedes que V. M. hace de Grandes Títulos de Duques, Marqueses, Condes, Almirantes, Mayordomos, Caballerizos mayores, empleos de oficios de Casas Reales y todos los de las ciudades, villas y lugares del reino, convocación de Cortes, juramentos, pleitos, homenajes, facultades, indultos y otras cosas de gran consideración”

(Cf. Manuel ROMERO TALLAFIGO, “El fin del ‘Sello Real de Castilla’ y del Registro General de la Corte: su resistencia en los períodos constitucionales de la Edad Contemporánea”, Historia, Instituciones, Documentos, 31 (2004), p. 586).

El Sello Real era considerado “como el cuerpo místico y figurativo del Rey nuestro Señor” y cómo tal, penetraba en las villas y ciudades con honores Reales, sobre mula o caballo bien enjaezado y encopetado, acompañado de las autoridades y con representaciones amenizadas por ministriles. Pero en la época contemporánea el concepto del Sello irá disgregándose como pobre azucarillo en vasito de agua: quedan las rúbricas, pero los matasellos, tampones, timbres y compulsas han perdido muchísimo boato, la fotocopia todo lo invade, y hasta han inventado la firma electrónica para que operemos desde nuestro retiro ajeno al mundanal ruido, suponiendo que dispongamos de residencia resultona y computador conectado a internet. O sea que estamos en las mismas que antaño.

por José Luis Hernando Garrido

Conservador del Museo Etnográfico de Castilla y León

Imágenes: Retrato de Felipe IV, por Velázquez ; Cipión y Berganza ; El Hospital de la Resurreción junto a la Puerta del Campo de Valladolid ; Anversos de los sellos de Felipe IV del Museo Etnográfico de C y L ; Reversos de los sellos de Felipe IV del Museo Etnográfico de C y L ; Sello Real de Felipe IV en papel fiscal timbrado ;

BIBLIOGRAFÍA:

-Mª CARMONA DE LOS SANTOS, Manual de sigilografía, Madrid, 1996.

-id., “Metodología de la descripción de sellos”, en Actas del Primer Congreso de Sigilografía, Madrid, 1987, Madrid, 1991, pp. 253-265.

-Elena GÓMEZ PÉREZ, “El coleccionismo en la sigilografía. Colecciones del Museo Lázaro Galdiano y del Instituto Valencia de Don Juan”, en Actas del Primer Congreso de Sigilografía, Madrid, 1987, Madrid, 1991, pp. 347-352.

-Faustino MENÉNDEZ PIDAL DE NAVASCUÉS, “Cuestiones de terminología”, en Actas del Primer Congreso de Sigilografía, Madrid, 1987, Madrid, 1991, pp. 247-252.

-id., Apuntes de sigilografía española, Guadalajara, 1993.

-Mª del Carmen PESCADOR DEL HOYO, Archivo Municipal de Zamora. Documentos históricos, Zamora, 1948, pp. 19-20.

-Ángel RIESCO TERRERO, Introducción a la sigilografía, Madrid, 1978.

-id., “Notas sobre el estado actual de la sigilografía en España con algunas sugerencias y orientaciones para la promoción de su estudio”, en Actas del Primer Congreso de Sigilografía, Madrid, 1987, Madrid, 1991, pp. 25-33.

Sellos similares de este mismo monarca están publicados en las obras:

-Araceli GUGLIERI NAVARRO, Catálogo de sellos de la sección de sigilografía del Archivo Histórico Nacional. I. Sellos Reales, Madrid, 1974, nº 668 y 667, pp. 489-490.

-José María DE FRANCISCO OLMOS y Feliciano NOVOA PORTELA, Historia y evolución del Sello de Plomo: La colección sigilográfica del Museo Cerralbo, Madrid: Real Academia Matritense, 2008, nºs 28-31, pp. 171-174.

Sobre el papel sellado:

Post sobre el papel sellado en Miravalles Restaura, blog de Covadonga Miravalles

Catálogo del papel timbrado de Felipe IV en CASANDRA: Ensayo de catalogación de los sellos y viñetas de España. Foro privado sobre el tema.

-Ricardo PARDO CAMACHO, El papel timbrado en España 1637 – 2009, accesible desde la web del la asociación cultural “Aula Militar Bermúdez de Castro.

Sobre el Coloquio de los perros:

El Coloquio de los perros en la Wikipedia hispana.

-Julio RODRÍGUEZ-LUIS, “Autorrepresentación en Cervantes y el sentido del Coloquio de los perros“, Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America, 17/2, 1997, pp. 25-58.

-Antonio RÍOS ROJAS, “Comentario al ‘Coloquio de los perros’ de Cervantes“, Espéculo. Revista Electrónica Cuatrimestral de Estudios Literarios, Universidad Complutense de Madrid, nº 32, 2006.

-Jean CANAVAGGIO, “Cervantes y Valladolid“, Castilla. Estudios de literatura, (Revista Digital), 0, 2009, p. 69-86.

Texto del Coloquio de los perros:

-Texto de la Novela y coloquio que pasó entre Cipión y Berganza, perros del Hospital de la Resu[r]rección que está en la ciudad de Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, a quien comúnmente llaman los perros de Mahudes, según el Proyecto Cervantes.

-Texto de El Coloquio de los perros en wikisource

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